
Bar Mitzvá. Haciéndonos Grandes
Diana Zilberstein
Ya hace 4 meses que un grupo de jóvenes de
entre 11 y 17 años, nos estamos reuniendo cada sábado
en la Casa de la Comunidad Hebrea de Cuba con el objetivo de prepararnos
para nuestro Bar o Bat Mitzva. Para ello estamos siguiendo un curso
dirigido por Mara y Néstor, actuales representantes del Joint
en nuestro país, y en el que por supuesto, también
participan nuestros morim.
Tanto para mí como para mis cinco compañeros
de curso, esta es una experiencia extraordinaria e inolvidable.
Creo que el compartir y debatir ideas juntos ha sido muy importante.
He aprendido que el judaísmo no solo viene con las raíces,
hay que sentirlo dentro y saberlo llevar con responsabilidad y buenas
acciones. El judío es acción, el judío es actuar.
He iniciado un proceso de aprendizaje que no cesará jamás
en mi vida: El estudio de la Torá, de las costumbres judías,
la historia de un pueblo que involucra cientos de generaciones y
que como planteó el pensador judío Franz Rosenzweng
en su teoría del Maguen David; el hombre debe mejorar al
mundo utilizando los preceptos de la Torá (Letaken Olam Ve
Maljut Shadai)
Quiero agradecer en mi nombre y en el de mis compañeros
a todas aquellas personas que han tenido que ver con este proyecto.
A todos ellos una y mil gracias por darnos esta oportunidad de Hacernos
Grandes.
Programa Bar y Bat Mitzvá
El Programa de Bar y Bat Mitzvá es un proyecto
del Joint Distribution Committe que comenzó a mediados del
mes de junio de este año. En el están participando
seis jóvenes: tres varones y tres mujeres, de las tres sinagogas
de La Habana.
Este Programa, que por primera vez se realiza de manera sistemática
en Cuba, tiene por objeto que los jóvenes aprendan y vivencien
diferentes aspectos de la historia, tradiciones, costumbres y valores
judaicos; que comprendan qué significa ser un bar o una bat
Mitzvá, para cuando llegue el momento solemne de la lectura
de la Torá se encuentren preparados para afrontar con conciencia
y responsabilidad su participación en la vida comunitaria
judía.
En una de las clases dictadas sobre el tema Shoá (Holocausto),
se le pidió a los jóvenes que preguntaran a sus padres
o abuelos si alguien en su familia había sido víctima
del nazismo o si alguno de sus familiares logró escapar de
él. Luego deberían redactar la historia. A continuación
transcribimos el trabajo realizado (en conjunto con su familia)
por uno de los muchachos que participan en el Programa: Víctor
Prinstein:
Era un pueblo tranquilo en una ciudad bonita, donde
todo se desarrollaba con el paso del tiempo. Era la vieja Varsovia,
con sus edificios, antiguos testigos fieles de todo cuanto ocurría
en esa ciudad única.
El personaje de mi historia es un niño que se hizo joven
antes de tiempo. Tenía los ojos azules como el cielo, era
inteligente y bondadoso, quería mucho a su mamá. Para
él era la mujer más linda del mundo, decía
que todas las mamás eran lindas.
De pronto algo rompió esa tranquilidad, esa monotonía
de la vieja Varsovia (pero esa era su monotonía, nadie tenía
derecho a romperla): era la guerra, el exterminio, los campos de
concentración, la separación de la familia, la angustia,
la agonía, la desesperación... y todo ¿por
qué? Por tener un solo Dios, por prender dos velas los viernes
a la noche, o verdaderamente por ser hombres prósperos económicamente,
¿quién sabe por qué? Sólo sé
que al joven de ojos azules (los más lindos que he visto)
se le desgarraba el corazón, era como si se lo cortaran en
tiritas lentamente. Vio como toda su familia era llevada a la muerte,
o a campos de concentración que era lo mismo. Toda su familia
se separó, o mejor dicho, la separaron. Nadie sabía
por la suerte de sus familiares. Fueron momentos terribles y de
desesperación; el de los ojos azules logró escapar
en un barco y llegar a Cuba, sin familia y sin dinero, trabajando
para subsistir. Pero en el barco donde había viajado, conoció
a una joven de su país que también venía huyendo
de la guerra, pero ella sí venía con algunos de sus
familiares.
Años más tarde se casaron y formaron un hogar. El
de los ojos azules era feliz, se veía. Pero de tarde en tarde
se sentaba en su rincón, se fumaba un tabaco y se veía
lejos, muy lejos ¿quién sabe dónde? Nosotros
sí sabemos donde él estaba con sus pensamientos: en
la vieja Varsovia, donde estaba la mamá más linda
del mundo, su mamá. Nunca más supo de ella, de su
suerte. Yo creo que en el fondo él sabía que todos
estaban muertos y todo ¿por qué? ¿por qué
había ocurrido esto?, sólo porque eran judíos...
Este joven de ojos azules como el cielo se llamaba Saja Prinstein
Gutman y era mi bisabuelo. ¿Cómo podemos olvidar...?
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