
El diálogo judeo-cristiano: la esperanza
de un futuro mejor:
José Miller
La hostilidad católica hacia los judíos ha tenido una
larga historia. Primero, en los albores de la cristiandad, después
de Jesús siguieron surgiendo disputas, entonces entre la Iglesia
naciente y los líderes judíos y su pueblo, quienes en
su respeto y devoción a la Ley, se oponían a los predicadores
del Evangelio y a los primeros cristianos.
En el Imperio Romano pagano los judíos estuvieron protegidos
legalmente por el Emperador y las autoridades no hacían distinción
entre judíos y cristianos. Sin embargo después los cristianos
estuvieron expuestos a la persecución del Estado. Más
tarde, el Emperador mismo, Constantino, se convirtió al cristianismo
y los judíos mantuvieron aún por algún tiempo
sus derechos. Pero a medida que religión y estado se fundían,
las turbas cristianas atacaron los templos paganos y las sinagogas,
al mismo tiempo, influenciados por ciertas interpretaciones del Nuevo
Testamento en lo que se refería a los judíos en general,
y su supuesta culpabilidad de deicidio. Esto ha circulado demasiado
tiempo entre la cristiandad generando sentimientos de hostilidad hacia
este pueblo.
El Papa Juan Pablo II así lo ha explicado en su "DISCURSO
AL SIMPOSIO SOBRE LAS RAÍCES DEL ANTIJUDAÍSMO"
el 31 de octubre de 1997. En un segundo documento dice: "aunque
no todos los cristianos, ni en todos los tiempos, ni en todos los
países han sido culpables de perseguir a los judíos,
reconocemos que en la tradición cristiana y en su uso de las
Escrituras y la liturgia, se dicen cosas de los judíos y el
judaísmo que conciente o inconscientemente generan prejuicios
y discriminación contra los judíos".
Tuvo que ocurrir la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto judío
para que el Papa Juan XXIII recibiera en audiencia al erudito francés
Jules Isaac quien le expuso que había estudiado exhaustivamente
la política del régimen nazi y las raíces del
antijudaísmo que llevaron al pueblo alemán a respaldar
a Hitler y cooperar en el genocidio, ante los ojos de una Europa cristiana
y civilizada, que permaneció impávida y silente. Lo
cierto era que las prédicas y enseñanzas tradicionales
de la Iglesia prepararon el terreno para semejante tragedia.
El Papa Juan XXIII cuyo Pontificado comenzó en 1958, puso el
estudio y análisis de la cuestión judía y la
Iglesia en manos del Concilio Vaticano II y exigió una declaración
al respecto. Esta declaración se emitió en octubre de
1965 con el nombre de NOSTRA ACTATE. Este documento marca un cambio
en la actitud de la Iglesia hacia los judíos.
Ha sido el Papa Juan Pablo II, cuyo Pontificado comenzó en
1978, quien ha persistido en la implementación de las medidas
para reparar los errores y pecados de su conducta tradicional hacia
los judíos. Ya en 1970 el Vaticano había establecido
la Comisión para las Relaciones Religiosas con los judíos.
Por su parte las mayores organizaciones judías se unieron para
formar el Comité Internacional Judío para las Consultas
Interreligiosas con la Iglesia Católica y el Consejo Mundial
de Iglesias Protestantes. Integran la Comisión representantes
del congreso Judío Mundial, Consejo de Sinagogas de América,
Comité Judío Americano, BNAI BRITH y la Liga contra
la Difamación.
Durante estos últimos años, el Vaticano y las conferencias
Episcopales de Alemania, Francia, Suiza, Holanda, Polonia, y Estados
Unidos han hecho declaraciones reconociendo sus pecados y expresando
profundo arrepentimiento, especialmente por haber permanecido en silencio
durante el Holocausto. Las declaraciones del Papa Juan Pablo II sobre
"RAÍCES DEL ANTIJUDAÍSMO EN EL MEDIO CRISTIANO"
(octubre de 1997) y el Comunicado de la Comisión de Relaciones
Religiosas del Vaticano con el título de: "RECORDAMOS
UNA REFLEXIÓN SOBRE LA SHOÁ" (marzo de 1998) son
pasos muy importantes para la continuación del diálogo.
Desafortunadamente el propósito de la Iglesia, hecho público
por el Vaticano, de santificar al Papa Pío XII y la demanda
no complacida del Comité Internacional Judío de abrir
los archivos del Vaticano para esclarecer la actuación de Pío
XII, cuyo Pontificado comenzó en 1939, y se extendió
hasta 1958, durante el cual tuvo lugar el Holocausto y la fuga de
muchos dirigentes nazis considerados criminales de guerra, tuvieron
como consecuencia la congelación del diálogo.
Recientemente el Rabino Israel Singer, Secretario General durante
años del Congreso Judío Mundial, ha sido designado Presidente
de la Comisión Judía con el propósito de restablecer
el diálogo. Singer hizo declaraciones al Semanario FORWARD
comentando sobre lo que a su juicio pudo no haberse hecho para evitar
el estancamiento de las consultas interreligiosas.
Es nuestra opinión que las declaraciones de Israel Singer son
acertadas y que la importancia de mantener activas las relaciones
con la Comisión del Vaticano para establecer acuerdos e implementarlos
sobrepasa en mucho la relativa importancia de revisar el pasado. Hay
demandas que no pueden ser satisfechas de inmediato y paralizar por
ese motivo indefinidamente consultas cuyos resultados positivos tienen
significado vital, sería un gran error.
Sin diálogo tendríamos un problema más. Mantener
el diálogo para lograr e implementar acuerdos sería
un logro importante en la solución de los problemas.
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