La Diáspora o un Pueblo obstinado en existir
Pablo Verbitsky

A Einstein, Freud y Kafka, quienes -entre otros- fueron judíos que rompieron los ídolos de sus padres

Desde que el mundo es mundo grupos humanos, tribus, comunidades enteras emigraban de un lugar a otro buscando mejores condiciones de vida o por alguna otra razón como podía ser tratar de evadir algún peligro que los amenazara. Todos los pueblos de la antigüedad a medida que eran conquistados o conquistaban o que emigraban por otras razones, creaban o establecían pequeñas comunidades en los lugares donde se asentaban. La trasplantación de pueblos enteros era cosa común en aquellos remotos tiempos. La practicaron frecuentemente los egipcios y más aún los asirios y neobabilonios como medida de guerra. El pueblo judío, venido de Caldea sufrió la esclavitud y el destierro en Egipto, hasta la odisea del regreso a Canaán encabezados por Moisés.

Cuando en el 586 a.E.C. Nabucodonosor (rey de Babilonia) sitió Jerusalem y destruyó el Templo de Salomón la dispersión se intensificó. La mayor parte de la población fue llevada al exilio en Babilonia que era una nación con una economía próspera y tierras muy fértiles (a diferencia de su tierra natal) y esto les permitió participar en la vida del imperio y organizar su propia comunidad. Posteriormente, gracias a los persas les fue permitido regresar, aunque muchos israelitas decidieron quedarse en estas tierras. Casi todos los pueblos, sobre todo los chicos y poco poderosos pasaron por vicisitudes semejantes, también los que llegaron a constituir imperios fueron en algún momento derrotados por otros más potentes. Pero los judíos pasaron por tantos cambios, fueron dominados por tal cantidad de sociedades más fuertes que desde épocas tan lejanas como el siglo IX a.E.C. se sabe que existían agencias comerciales israelitas en Damasco y posteriormente en Egipto. Además, la pobreza de la tierra de Palestina obligó sin duda a emigraciones en los años de sequía. Muchos judíos vivían en el exilio o en el destierro. Desde aquel entonces existe en hebreo la palabra Galut, que muchos consideran sinónimo de diáspora, pero en realidad no es así ya que la expresión hebrea designa el estado de inferioridad y la penuria que ha sufrido el pueblo judío por vivir en el destierro forzoso de Palestina. Por eso Galut o Golá se distingue de dispersión, diáspora o destierro porque estos pueden designar un acto o estado voluntario, y el Galut no. En el 333 a.E.C. Alejandro Magno conquistó Judea y pronto se desarrolló un nuevo centro cultural judío: Alejandría, que junto con Jerusalem estuvo caracterizado por la gran influencia helénica que recibió en sus costumbres. Diáspora es una palabra griega cuyo significado es dispersión. Si en épocas anteriores se hablaba de exilio o destierro, a partir de la conquista helénica se habla, en lo que se refiere a la diseminación del pueblo judío por el mundo, con un término clave, la Diáspora.

Egipcios y Sirios también tuvieron dominio sobre Judea hasta que el Imperio romano la conquista de manera total. Esto trajo años después la caída de Jerusalem y la destrucción del Segundo Templo en el 70 E.C. A raíz de las sublevaciones y guerras contra los romanos muchos judíos fueron llevados a guarniciones militares en las fronteras del imperio, enviados en cautiverio a Roma, vendidos como esclavos, o huyeron, aumentando así las comunidades ya establecidas en muchos lugares. Inscripciones y documentos revelan la existencia de judíos en los primeros siglos de la era común en Siria, Mesopotamia, Egipto, Asia Menor, Armenia, Arabia, Etiopía, África del norte, algunas islas del Mediterráneo, Grecia, Italia, España, las Baleares, Francia y algunas ciudades de Alemania, Panonia (Hungría), Dalmácia y Rusia meridional.

A pesar de la enorme cantidad de siglos que ha durado la dispersión los hebreos nunca han abandonado la esperanza de regresar a Palestina, ni olvidado su país de origen, aunque por miles y hasta millones se han ido disolviendo en el seno de las naciones en las que han vivido, en ocasiones por una actitud asimilacionista, a veces obligados bajo amenaza de muerte o por otras razones de índole personal y en ocasiones colectivas; además de los millones de víctimas de matanzas.

Algunos otros pueblos mantuvieron su personalidad durante muchos años, en algunos casos por siglos, pero el caso del pueblo israelita es casi único en la historia universal. Casi todas las comunidades de un sitio insertado en otro fueron asimilando las costumbres, creencias de los lugares donde vivían y terminaban asimilándose. ¿Por qué los judíos se mantenían, se mantuvieron por siglos siendo judíos sin olvidar que su antigua patria era Israel a pesar de los horrores de los que fueron objeto? Había entre los israelitas una muy fuerte creencia en un Dios único, en una historia (en cierta medida leyenda más que historia) común de centenares de años, unas concepciones morales y culturales que los mantenían unidos en defensa de su pueblo y de su visión del mundo. Y algo tan importante o más que todo lo mencionado, el idioma. El hebreo era considerado el idioma nacional de los antiguos israelitas, aunque en Canaán lo hablaban también sus vecinos. En los países a los que llegaban poco a poco aprendían el idioma que allí se hablara, pero no podían olvidar el hebreo porque para todo lo religioso era imprescindible usar esa lengua, para los numerosos términos de los ritos judíos, a causa de la legislación rabínica y otras peculiaridades culturales imposibles de expresar en otras lenguas. Y hay otra cosa, además, que es fundamental en toda la nada fácil vida del judaísmo, sea de manera consciente o inconsciente los judíos siempre estuvieron convencidos de ser diferentes de los demás, ser "otros"; pensamiento que, desde distintos puntos de vista pero que comparten hebreos y no hebreos, la creencia de que los judíos son diversos a todos los demás pueblos. Desde Abraham, que destruyó los ídolos que había traído su padre e insistió en la existencia de un Dios universal y único y sostuvo que el paganismo era falso estaba siendo "distinto"; y cuando los israelitas no se dejaron convencer por los valores de la cultura helénica eran los "disentidores solitarios"; y cuando se estableció oficialmente el cristianismo y los judíos no lo aceptaron volvieron a demostrar que eran "otros", que eran diferentes.

A partir de que los estudiosos de las yeshivot (academias) de Sura y Pumbedita fueron compilando el Talmud Babilónico se fueron constituyendo en guías espirituales de toda la judería de la diáspora durante centenares de años. Aparte del Tanaj (La Biblia), El Talmud (hay dos, el de Jerusalem y el de Babilonia) es la obra más grande e importante del judaísmo. Los rabinos de ambas ciudades se dedicaron durante siglos al estudio y explicación de las leyes, costumbres y creaciones materiales e intelectuales del judaísmo. Es el compendio de toda la sabiduría hebrea. Pero también la vida cotidiana pretende ser amoldada estrictamente a lo prescrito en El Talmud, lo cual es un hecho totalmente anormal ya que la vida no puede adaptarse a leyes inflexibles sino que sucede todo lo contrario. Por estas razones, positivas y negativas, el Talmud cumplió durante siglos las funciones de una verdadera muralla espiritual detrás de la cual vivían arrinconados los israelitas. Sin ésta muralla espiritual que los hacía inmunes a los ataques de los enemigos no podría concebirse la resistencia de tantos y tantos siglos de una colectividad tantas veces aniquilada a través de la historia y vuelta a renacer siempre otra vez. Esta especie de gueto espiritual surge muchísimos años antes que los guetos de piedra y ladrillo. Y esto separa a los judíos en casi todas partes de la población autóctona. Confirma la creencia de ser distintos a todos los demás. Algunos encuentran la respuesta al por qué de esto, o sea a ser diferentes, en el destino que les asignó Dios; otros a la presión constante a que fueron sometidos; otros a la continuidad del carácter judío, en gran medida influenciado por las dos razones anteriores.

Por su posición estratégica desde el punto de vista geográfico la zona de Palestina fue campo de batalla de muchos imperios, desde el sur Egipto, del norte Grecia y Roma, hacia el noreste Siria-Babilonia y Persia. Los judíos se fueron dispersando por todas esas zonas durante siglos. Antes de la conquista árabe existían comunidades judías desde más allá de Alejandría, Memphis, hacia Cirene, Iscina, Leptis, Torba, Túnez, Cartago, Saldae, hasta Gibraltar, todo esto en África del Norte y cruzando el estrecho en el sur de España así como en el sur de Italia y Sicilia, Grecia, etc., y frente al mediterráneo por el este aparte de todas las ciudades de Palestina, hacia el norte Damasco, Beirut, Trípoli hasta Alepo y Antioquía. En distintas épocas y por distintas razones, a pesar de que estas comunidades llevaban siglos viviendo allí fueron prácticamente en todas las partes nombradas echados, expulsados, vejados, masacrados. Para poner un ejemplo, digamos que Antioquía fue un gran centro de colonización en tiempos romanos, y a fines del siglo XII quedaban diez familias viviendo allí. Vivían judíos en la zona de Mesopotamia, en Bagdad, Babilonia, Pumbedita, Dura, Sura. Después de la conquista musulmana, la situación de los judíos empeora. En Irak alrededor del año 800, aparte de otras vejaciones, impuestos excesivos, maltratos, fueron obligados a llevar un trozo de tela amarilla. Fue tan dura la situación que comenzaron a emigrar hacia Persia y posteriormente la India.

La diáspora fue ampliándose a otros lugares del mundo. En la Edad Media se diseminaron por prácticamente toda Europa, pero para hacer una crónica completa de todos y cada uno de los movimientos judíos serían necesarias muchas páginas sin contar otros hechos trascendentales de esa época como son las cruzadas, que transitaron más por el crimen que por la fe, las controversias obligatorias entre cristianos y judíos, etc. Los judíos, por innumerables razones distintas se asentaron en España, Italia, Francia, Portugal. etc. en casi todos esos lugares fueron maltratados, perseguidos, asesinados. Así mismo en Lituania, Polonia, Rusia. Habiendo sido expulsados en diversos momentos de casi todos los países debiendo emigrar a otros donde fuese posible vivir. De Inglaterra fueron expulsados en el 1290; de los distintos sitios de Italia entre el 1300 y el 1400. Una de las más importantes y graves expulsiones fue la de Sefarad (España), en el 1492, lo que dió origen a conversiones forzosas, a muertes por millares y a la huida hacia otras tierras donde llevaron sus creencias, costumbres y su idioma: el ladino. Los judíos de Europa central y oriental son llamados Asquenazíes y hablan el idish, mezcla de alemán antiguo con hebreo y otras influencias. No es posible relatar las crueldades inhumanas que debió soportar el pueblo judío en todo el mundo sin mencionar al cosaco asesino, carnicero espantoso de Jmielniki y la horrorosa institución de la Inquisición. Aunque no debemos dejar de mencionar que a fines del siglo XX el Papa Juan Pablo II pidió oficialmente perdón a los judíos por todo el daño que le habían hecho los cristianos y exoneró de culpa a los hebreos por la falsa responsabilidad de haber matado a Cristo. El siglo XIX vio en mayor o menor medida la emancipación, comenzando por Francia en 1789 y durante todo el siglo iban otorgándoles la emancipación en los demás países europeos, pero siguieron en muchos lugares habiendo guetos, cobró fuerza el antisemitismo, proliferaron los pogroms. Muchos fueron los que huyeron de Europa hacía América Latina primero y posteriormente hacia la América del Norte, buscando libertad, trabajo, posibilidades de vivir como cualquier otro ser humano, aunque ya existían organizaciones de auto ayuda: La Alliance Israelite Universelle desde mediados del XIX, la Anglo-Jewish Association desde 1871, la ORT (1889), El American Joint Distribution Committee desde 1914, , etc.

Lo que indudablemente diferenciaba a los judíos de los demás pueblos es que vivían en territorios ajenos, no tenían territorio propio. Así surge el sionismo que no es más que la idea de recuperar la patria histórica de los hebreos. Muchos fueron los obstáculos surgidos para lograr ese objetivo, se requirieron muchas luchas y que se llevase a cabo una de las monstruosidades más espantosas que ha conocido la humanidad; el llamado holocausto o más exactamente la Shoá. Después de aquello, pero a pesar de todo, de manera nada fácil surge el Estado de Israel, que se va nutriendo de judíos emigrantes de todas partes del mundo, esa emigración aún continúa, pero ya hay varias generaciones de israelíes, por lo que el mundo judío está en cierta medida dividido en dos, el de la Diáspora y el de Eretz Israel, aunque en el fondo sigamos siendo un solo pueblo; el de los nietos de Abraham, que continuamos rompiendo los ídolos de nuestros padres.

 

   
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