Testimonio de las Bodas

Arnaldo y Marta

Nuestra boda tuvo la singularidad de una belleza que la diferenció de otras a las que con anterioridad asistimos. Aún no sabemos si ello ocurrió porque una nueva alegría nos embargó, o si fue porque nuestra amada sinagoga Bet Shalom resultó para los amigos que esa tarde allí nos congregamos, más cálida y hospitalaria, a pesar del pertinaz aguacero de agosto que a nadie impidió tan especial reunión.

¡Qué nobles sentimientos llenaron a las parejas cuando el Rabino Samuel Szteinhendler con franca emoción en sus palabras nos condujo al propósito sincero de la ceremonia! A partir de aquellos minutos comprendimos el legítimo orgullo de convertir nuestros hogares en reales hogares judíos. En esa tarde diferente quedó encendido, al igual que las velas de Shabat en nuestras familias, el Ner Tamid (llama eterna) del corazón hebreo.

Que Dios bendiga a todos los buenos amigos que pusieron esfuerzo y amor para el logro feliz de nuestro enlace.

Ester y Roberto

Una experiencia que jamás olvidaremos fue nuestra ceremonia nupcial. Todos los presentes vivimos momentos de gran emoción y felicidad. Los rostros reflejaban el orgullo y la satisfacción de haber culminado todo un proceso que dio lugar a nueve casamientos.
Nuestra sinagoga, bellamente adornada con cintas, lazos y flores de lindos colores hacía gala de su majestuosidad. La ceremonia dirigida por el Rabino Samuel Szteinhendler, fue realizada con gran júbilo, placer y amor, bendiciéndonos y consagrándonos de acuerdo a la Ley de Moisés y de Israel. Durante la ceremonia escuchamos con deleite preciosas melodías interpretadas por jóvenes que tocaron el órgano y la viola. Finalmente todos, parejas, familiares y amigos compartimos con alegría y felicidad tan solemne acontecimiento.

Marlen Prinstein

Me gustaba ver siempre las fotos de las bodas familiares, todas eran como un cuento dorado de fantasía. Las sinagogas se veían tan lindas, bien decoradas y llenas de flores y soñaba que estaba allí sentada; pero al fin podría participar en una que se realizaría en mi sinagoga (me la imaginaba como la de los cuentos de fantasía). Estaba muy ansiosa, sería testigo presencial de esa boda... y llegó ese día... todo transcurría entre lluvia, nervios, risas y alguna que otra lágrima; todos estábamos muy ansiosos dentro de la sinagoga, la que estaba decorada aún más linda que la de los cuentos dorados. A la entrada había un arco lleno de flores como bendiciendo y purificando con su belleza a las parejas que por allí desfilarían; y la Jupá no era la acostumbrada, eran talitim unidos que reflejaban santidad o kedushá, protección del novio a la novia, como un versículo de Ezequiel "... tu tiempo era tiempo de amores; y extendí mi manto sobre ti..."

Y de pronto se abren las puertas y aparecen las nueve parejas que allí se casaban, las parejas pasaron por el arco de flores caminando hacia la Jupá, pero nadie les vió los pies, iban flotando sobre un manto de pétalos de flores que arrojaban dos pequeños niños y al compás de la tierna música que tocaban dos jóvenes hermanos, y yo sentada observando cómo caminaban hacia la Jupá; ya en la Jupá, el Rabino y Néstor comienzan las ceremonias, las parejas que allí se casaban no podían contener su emoción. Yo también estaba muy emocionada. Todo estaba tan lindo en mi sinagoga, todo bien ordenado, cada cosa en su lugar y me dije; esta es la boda más linda que he visto... pero... no lo van a creer, es mi boda... es mi kidushím. David y yo éramos una de las nueve parejas. Era la boda que siempre soñé, David y yo bajo la Jupá. Era la boda más linda, aún más linda que las de las fotos familiares, la de los cuentos dorados de fantasía.

¡Mazal Tov!


Tony y Bárbara

Como sabemos, la familia es el centro de la vida judía y casarse es una mitzvá muy especial, sobre todo para quienes nunca lo habían hecho según las leyes de Moisés y de Israel, e incluso para quienes no somos tan jóvenes.

La jatuná (boda) fue una gran fiesta, colmada con cantos, bailes y alegría. Una importante contribución le dio el Rabino Shmuel con sus palabras y su espiritualidad.

Luego de la ceremonia, una niña conmovida me contaba que había visto llorar a mis dos hijas de felicidad cuando nos encontrábamos debajo de la Jupá (Palio Nupcial) acompañados por las otras parejas, por el Rabino Shmuel y por Néstor, a quien tanto quieren.

En Mishlei 19 (Proverbios) dice "Los padres heredan a sus hijos riquezas y propiedades, más el hogar (la mujer inteligente) es regalo de Dios". Nuestras hijas heredarán la riqueza espiritual y la transmisión de los valores del judaísmo en aras de mejorar el mundo (Letaken Olam), teniendo como propiedad también heredada la Comunidad Hebrea.

Por todo ello que valgan la alegría mostrada allí y también las lágrimas vertidas por nuestras hijas. Nosotros les deseamos que en un futuro puedan vivenciar, debajo de su propia Jupá, esta misma emoción, cuando nuevamente escuchen la brajá: "Are at mekudeshet li betabat zo kedat Moshé ve Israel", Con este anillo tú me eres consagrada según las leyes de Moisés y de Israel.

 

   
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