
Un judío que cree en los milagros
Maria Luisa Zayón
Una gran expectativa causó la visita
a Cuba del cineasta norteamericano Steven Spielberg. En los
primeros días de noviembre de 2002 un numeroso público,
admirador y conocedor de su obra, se entregó a las
emociones que una y otra vez causa este maestro del celuloide
cuando nos exponemos a sus filmes.
Spielberg, quien hace realidad los más
fantásticos proyectos, tuvo muy presente durante la
estancia su identidad judía, y como parte del itinerario,
además de entrevistarse con Fidel, reunirse con los
cineastas cubanos y presentar su última producción
Minority Report, dedicó una de sus mañanas
en la Isla para conocer la Comunidad Hebrea de Cuba.
Junto al también judío Januz
Kaminski, director de fotografía de sus últimos
siete filmes, fue recibido en el Patronato por el Dr José
Miller y Adela Dworin. Entre ellos se estableció un
diálogo sobre la historia de la comunidad, por la que
se mostró muy interesado. Luego la sinagoga fue el
hogar judío que sirvió de refugio para un momento
de introspección que lo llevaría a hablar de
recuerdos importantes. Con su kipa puesta subió
al aron hakodesh para ver los rollos de la Torá
y parado en la bima dijo emocionado que solo desde
allí se sabe lo que siente un niño cuando hace
su discurso de Bar Mitzvá. "Cada vez
que subo a leer la Torá recuerdo lo temeroso que estaba
el día de mi Bar Mitzvá". Comentó
además con orgullo que su hijo de 14 años tuvo
esta experiencia el año pasado y que en mayo su hija
realizará la ceremonia de Bat Mitzvá.
Con paso sereno, fue a reunirse con los miembros
de la comunidad que esperaban ansiosos, ya no al cineasta
sino al hombre que comprometido con sus raíces desbordaba
sencillez. Con una mirada de quien siente que ha llegado a
casa recibió al coro que de manera espontánea
comenzó a cantarle Hevenu shalom aleijem (traemos
la Paz a ustedes). Un momento lo dedicó para conocer
la biblioteca donde se encontraba una muestra especial de
libros sobre la Shoá y una camisa usada en
el campo de concentración de Auschwitz por el padre
de Ida Gutztadt, miembro de nuestra comunidad. El espacio
fue propicio para que ella le mostrara fotos de su familia
y le contara cómo su padre pudo sobrevivir al Holocausto.
Para Spielberg esto fue de mucho interés pues en 1994,
después de filmar La Lista de Schindler estableció
la Fundación de la Historia Visual de Sobrevivientes
de la Shoá, con la urgente misión de
grabar y preservar testimonios de sobrevivientes del Holocausto.
Hoy, la Fundación Shoá ha reunido más
de 50000 testimonios en 57 países y 32 idiomas, y tiene
como propósito buscar la tolerancia mundial y asegurar
el uso educacional efectivo de estos archivos. Es un interés
también del cineasta revivir la lengua Idish por lo
que pidió se le envíen los libros en Idish con
que cuenta la Biblioteca del Patronato para digitalizarlos,
así preservarlos y darlos a conocer mediante una biblioteca
virtual.
Una vez en el salón del patronato bailó
el grupo de rikudim de los niños y era evidente
su sonrisa de satisfacción, pues la niñez es
sagrada para él que ha declarado que si algo le interesa
contar en sus películas son los temas de la infancia,
etapa que considera muy importante. Después de tomarse
una foto con los más pequeños comentó,
"Este es el futuro de la comunidad". Los mismos
niños le entregaron como obsequio uno de los cuadros
que forma parte de la serie sobre el holocausto pintados por
Belina Aborachi, miembro de nuestra comunidad que hizo alía
a Israel. El Dr. Miller en representación de nuestra
comunidad expresó que era un gran honor para este país
y para esta congregación su visita. "En nombre
de los cubanos, en nombre de la comunidad judía le
damos las gracias por estar entre nosotros".
Spielberg visitó también el
cementerio hebreo ashquenazí. Allí se dijo un
kadish en el Monumento al Holocausto, donde están
enterradas pastillas de jabón hechas de grasa humana
de las víctimas. Además el prestigioso realizador
colocó una piedra en la tumba de Saúl Yelín,
quien fuera uno de los fundadores del ICAIC. Se mostró
complacido por saber que en Cuba no hay antisemitismo, pues
según su experiencia cuando ha ido a algunos países
a buscar rostros característicos para sus películas,
muchos se niegan porque tienen miedo.
No faltó, como un buen hijo, que se
refiriera a su madre. Contó que ella tiene un restaurante
kosher en California y con 83 años atiende todas
las mesas. "Mi mamá es increíble",
dijo satisfecho.
Steven Spielberg nacido en Cincinnati, Ohio,
el 18 de noviembre de 1947, tiene en su haber varios de los
éxitos contemporáneos de la historia del cine.
Películas como Tiburón, E.T., Parque Jurásico,
El Color Púrpura, La Lista de Schindler y otras han
recibido la ovación de grandes masas de cinéfilos
y de la crítica especializada. En su carrera cinematográfica
ha sido nominado al Oscar como mejor director en varias ocasiones,
obteniendo el galardón por La Lista de Shindler y Salvando
al soldado Ryan.
Ahora, después de vivir la experiencia
de su visita, con una especie de complicidad no podremos evitar
buscar detrás de su obra esa mirada serena y profunda
que compartió con nosotros. Su presencia en la comunidad
nos permitió encontrar una unidad entre el hombre y
el creador que ha incursionado en todos los géneros.
Pero sobre todo nos demostró que ser judío es
una condición más allá de fronteras o
diferencias sociales: "Yo soy un judío que sí
cree en los milagros. He visto un milagro ocurrir con la reconstrucción
de la comunidad. Yo no sabía que en Cuba había
judíos antes de venir acá pero ahora veo que
la comunidad judía de Cuba es la misma que de la que
yo provengo. El tamaño no importa, el compromiso, la
pasión del corazón y la fe es lo que importa.
Desde muy temprana edad me enseñaron estas palabras
en hebreo, Tikun Olam, lo que quiere decir que siempre debemos
trabajar para mejorar el mundo y que mejor lugar para comenzar
esto que dentro de la propia comunidad judía. Por tanto
es un maravilloso milagro lo que estoy mirando".
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