Vivencias de una abuela
Esther Toruncha

En días pasados viví momentos muy emocionantes. Se celebró el BAR y Bat MITZVÁ de mis nietos Albertico y Diana en la Sinagoga Adath Israel así también como el de Brian. Llevaban algunos meses en su preparación pero nunca imaginé que Albertico y Diana con la escolaridad y sus estudios de viola y piano podrían estar tan preparados para esa ocasión tan especial en la vida judía.

Durante la ceremonia del BAR MITZVÁ les oí pronunciar las BERAJOT, el SHEMÁ, la AMIDÁ, el KADISH; no pude evitar las lágrimas cuando le entregaron el SEFER TORÁ; me llené de orgullo que uno de mis nietos tuviera la dicha de ser un judío activo más de nuestra Comunidad. Recordé cuando era yo pequeña y presencie el BAR MITZVÁ de mi hermano y me vinieron a la mente los esfuerzos que realizaron mis padres para que no faltara nada en esa ocasión a pesar de la situación económica por la que atravesaban.

En la noche del sábado tuve la alegría de disfrutar de otro momento muy especial: la celebración del BAT MITZVÁ de Diana en los salones superiores de Adath Israel. Un candelabro de 13 velas presidía la noche engalanada para la ocasión. Fui llamada a encender la primera vela y como dijo Diana al llamarme: era yo el SHAMASH que había encendido su llama como judía. Como comprenderán no pude articular palabra. Recordó Diana junto a todos los asistentes como empezó a vivir el judaísmo, lo importante que fue para ella los primeros encendidos de las velas del SHABAT y de YOM TOV, su participación en los KABALAT SHABAT y en las festividades judías. Y yo decía para mí que los esfuerzos que había hecho porque mis nietos hicieran vida judía, a pesar de mis limitaciones físicas, no habían sido en vano.

Encendido del resto de las velas, palabras de sincero agradecimiento para las personas que han contribuido en su formación, bailes del grupo de RIKUDIM de la Comunidad, fotos, dulces, flores, música, besos, abrazos y también lágrimas de emoción adornaron la noche.

Mi agradecimiento sincero a todos los que con su esfuerzo hicieron posibles estos festejos. A María y Luis Rousso, a Nelsa, Grisel, Raiza, Marina y otros. A Mara y Néstor por su inestimable ayuda; a Albertico Behar, a Marlencita, a Deborah, a los dos Tatiana. A Cyntia e Iván y a todos aquellos que hoy no están junto a nosotros pero que también han contribuido en la formación de mis nietos.

A Dios Gracias, por dejarme vivir este momento.

   
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